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Moran Stela Yanai pasó 54 días en cautiverio. Esta es su historia.

Moran Stela Yanai estaba vendiendo su propia línea de bijouterie en el festival Nova el 7 de octubre cuando Hamás comenzó su ataque a las 6:29 de la mañana. Al principio, ella ignoró los cohetes y las sirenas que sabía que lamentablemente eran habituales en el sur de Israel. Pero entonces empezaron a oír disparos y explosiones. No sabían qué estaba pasando.

Algunas personas corrían. Otros seguían bailando. Nadie sabía adónde ir.

Cuando los disparos se oyeron más cerca, Morán corrió con otras personas tratando de encontrar refugio en un paisaje donde no había dónde esconderse. Meses antes, un proveedor egipcio le había enviado para su cumpleaños un collar con una inscripción en árabe que ella usaba desde todo el tiempo, a pesar de que su madre le pedía constantemente que se lo sacara. Cuando se encontró con el primer grupo de tres terroristas, les mostró su collar y usando las pocas frases que sabía en árabe fingió ser árabe. Milagrosamente la dejaron marcharse, pero una hora más tarde se encontró con un segundo grupo de terroristas.

El collar convenció también a ese grupo de que era árabe y le permitieron seguir corriendo hasta que cayó en una zanja y se rompió una pierna. Desde allí envió un último mensaje a sus padres. En un primer momento escribió: “Hubo un atentado. La batería de mi teléfono se está acabando. Los amo”. Pero no quiso que sus padres pensaran que se estaba despidiendo, así que borró el mensaje y en cambio les escribió: “Mi teléfono se está quedando sin batería”.

Los meses previos al 7 de octubre, Moran había trabajado incansablemente en su desarrollo personal y en su obra como artista. Dejó su trabajo para dedicarse a su sueño de crear su propia línea de joyería. Cuando los terroristas la atraparon esa aterradora mañana y la subieron a un auto rumbo a Gaza, le arrancaron los collares, pulseras y anillos que acababa de hacer, pero no pudieron arrebatarle la fuerza interior que ella sabía que tenía.

“Decidí que pasara lo que pasara, iba a encontrar la manera de sobrevivir. Cuando estás en medio de una pesadilla tan inimaginable, tienes que tomarte la vida momento a momento, preguntándote constantemente qué puedes hacer a continuación para seguir con vida”.

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Cuando el auto entró a Gaza, Morán no pudo creer lo que veía. Cientos, sino miles, de hombres, mujeres y niños vitoreaban mientras Hamás llevaba a los rehenes a la ciudad. Intentaban abrir las puertas del auto para sacarla y matarla. Pero el coche siguió avanzando entre la multitud hasta llegar al hospital. En el hospital, la habitación estaba llena con decenas de terroristas. Un médico se acercó a Morán. Llevaba un guardapolvo blando. Incluso sabía hebreo. Ella lo agarró del brazo y le susurró: “ayúdame”. Él se le rió en la cara. Pero cuando finalmente le pusieron un yeso en la pierna rota, ella lo tomó como una señal de que habían decidido no matarla todavía.

Morán pasó los siguientes 54 días oculta en una habitación sin ventanas. En el techo del edificio donde la escondieron había un lanzador de cohetes, y estaba rodeada por los ruidos y los temblores de explosiones constantes. Había muy poco para comer o beber, y no les permitían llorar ni hablar más que susurrando. En la habitación había otras dos mujeres, y a todas les dijeron que sus familias habían sido asesinadas y sus hogares destruidos. No tenían manera de saber qué era realmente lo que ocurría en Israel ni en ninguna parte del mundo. Pero los terroristas tenían todo el tiempo encendidas estaciones de radio y cuando entraban y salían de la habitación a veces pasaban por una estación israelí.

El estribillo de esa canción se convirtió en su mantra durante los días siguientes: Shemá Israel, Él lo puede todo.

En su momento de mayor desesperación, cuando estaba hambrienta, enfadada y no sabía cómo seguir adelante, Morán escuchó en una emisora de radio israelí el estribillo de una canción: Shemá Israel, Él es nuestro Dios y Él lo puede todo. Al oír esa canción, Morán lo tomó como una señal de que Dios la ayudaría a superar la desesperación. En ese mismo momento se prometió no dejar de creer en Él, pasara lo que pasara. El estribillo de esa canción se convirtió en su mantra durante los días siguientes: Shemá Israel, Él lo puede todo.

Después de eso, Morán comenzó a ver señales de esperanza en los regalos más pequeños. La mitad de una pita. Un balde de agua para lavarse la cara. Un recuerdo vívido del Kidush de la noche del viernes con su familia que casi la hizo sentir que estaba de nuevo en casa. “Era increíble cuántas señales de esperanza pude encontrar en una habitación oscura y sin ventanas cuando las busqué”.

Cuando los terroristas se burlaban de ella y trataban de convencerla para volverse musulmana, Morán tenía una frase que se repetía constantemente en su mente: “Ustedes no van a decirme quién soy”. Cada mañana, Morán murmuraba la plegaria Modé ani – Gracias por la oportunidad de despertarme hoy. Gracias por este momento. Porque, como explica Morán, estaba claro que no era un hecho que fuera a tener otro día de vida. Y cada noche daba las gracias por haber pasado otro día espantoso.

Cuando Morán supo que la liberarían, no lo creyó hasta que cruzaron la frontera hacia Israel. Un oficial la recibió y le dijo que toda su familia (incluyendo su amado perro y su gato) estaban vivos y a salvo. “Durante 54 días no me permitieron llorar ni gritar. Cuando escuché que mi familia estaba viva, grité muy fuerte, hasta el día de hoy puedo oír en mi mente el eco de ese grito”.

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Mucha gente se pregunta si los terroristas obligaron a los rehenes a sonreír cuando fueron liberados. “Nadie nos dijo que sonriéramos. Mi sonrisa era real. Nunca sonreí de  esa manera ni lloré tan fuerte de gratitud en toda mi vida”.

Cuando escuché hablar a Morán, ella dijo que quería compartir tres mensajes de su terrible experiencia con los judíos de todo el mundo:

  1. Israel te necesita. Israel necesita que hables en todo el mundo. Israel necesita que la visites y muestres tu apoyo. Israel necesita tus plegarias y tu solidaridad.
  2. Nunca seas como ellos. El mundo quiere presentar esta guerra como una batalla entre dos bandos. Pero no lo es. Fuimos atacados por terroristas. Ellos usan a su propia gente como escudos. Se esconden en hospitales y escuelas e incluso sus médicos ayudaron a los terroristas frente a los ojos de los rehenes. Nosotros no somos como ellos. Somos un pueblo compasivo que hace todo lo que está a su alcance para proteger y salvar vidas.
  3. No estamos quebrados. A pesar de todo lo que han pasado, los rehenes quieren que sepamos que no son personas quebradas. Ellos encontraron resistencia, fe y esperanza ayudándose mutuamente y contando al mundo sus historias.

Al celebrar el rescate de cuatro valiosos rehenes después de ocho meses de cautiverio, rezamos por la liberación de los otros 120 rehenes y para que reine la paz en la región.

REFERENCIA

ESTE IMPORTANTE ARTICULO FUE ORIGINALMENTE PUBLICADO POR AISH LATINO Y LO COMPARTIMOS AL PUBLICARLO EN PULSO PYME PARA NUESTROS IMPORTANTES LECTORES  CON SU AUTORIZACIÓN.