Danubio, Judío, Zapato, Guerra Mundial

“Lo que me enseñó una fuerte historia del Holocausto”.

En las protestas contra Israel en los campus universitarios, lo que más me preocupa es la participación de estudiantes y profesores judíos que piden la eliminación de Israel. ¿Cuál es el futuro de estos judíos profundamente confundidos que adoptan una postura tan proactiva contra Israel y el pueblo judío?

En Cuentos jasídicos del Holocausto, Yaffa Eliach narra una historia que me dejó perpleja. Eliach era una erudita, profesora de historia y literatura en el departamento de estudios judaicos de Brooklyn College. Ella se empeñó en verificar la exactitud histórica de los relatos que narró. No se trata de una ficción histórica inspiradora, sino que sus historias son hechos reales que se desarrollaron en el infierno del Holocausto.

“¿Quién ganará esta guerra?” es un relato basado en la entrevista que la Dra. Eliach mantuvo en 1979 con Rav Itzjak Mann. Cuando Itzjak tenía 16 años, él y su padre Kalman fueron atrapados durante una Aktion en Budapest en el verano de 1944 y los enviaron a un batallón de trabajo.

Los judíos en esos batallones eran simplemente detectores de minas vivos. Kalman Mann fue uno de los 250 judíos enviados a un campo minado ruso que había dejado el Ejército Rojo. Kalman fue uno de los apenas 50 judíos que salieron con vida de ahí. Para Rosh Hashaná de 1944, el ejército alemán estaba en retirada. El batallón trabajaba largas jornadas con hambre, sacando vías férreas, volando puentes y realizando otras arduas tareas físicas. 

Los judíos del batallón de trabajo estaban divididos en dos grupos. Los judíos llevaban brazaletes amarillos y los judíos que se habían convertido al cristianismo llevaban brazaletes blancos. (En las décadas previas al Holocausto, era habitual que los judíos de Alemania, Austria y Hungría se convirtieran al cristianismo para poder ascender socialmente).

Budapest, Danubio, Noche, Hungría

En la víspera de Iom Kipur, habían llegado a la montaña polaca de Bornemissza, en la frontera eslovaca. El comandante alemán anunció que sabía que el día siguiente era un importante día de ayuno judío. Les dijo que tenían estrictamente prohibido ayunar, y que cualquiera que ayunara sería ejecutado por un pelotón de fusilamiento.

En Iom Kipur llovió fuertemente, convirtiendo el terreno en un pantano. Yaffa Eliach relata: “Cuando distribuyeron la comida, todos los hombres, tal como habían acordado previamente, derramaron el café en los barrancos de barro y guardaron el pan duro en sus chaquetas empapadas”. Kalman Mann, que provenía de una familia jasídica, recitó de memoria las plegarias de Iom Kipur y los otros las repetían, sus voces ahogadas por el ruido de las máquinas y la lluvia.

“El grupo de judíos que se había convertido al cristianismo decidió ayunar ese Iom Kipur”.

Entonces ocurrió algo extraordinario. El grupo de judíos que se había convertido al cristianismo se acercó a los otros judíos. Su representante, cuyo nombre era Sarwashi, había sido un rabino reformista. Él les dijo que este Iom Kipur su grupo estaba ayunando. Les preguntó si podían unirse a las plegarias, recordándoles que la liturgia de Iom Kipur comienza declarando que está permitido que “aquellos que transgredieron” se unan a la congregación.

Al concluir Iom Kipur, cuando los judíos exhaustos y hambrientos (todos ellos) estaban listos para terminar su ayuno, apareció el comandante alemán y les ordenó formarse para pasar revista. Les dijo que sabía que habían ayunado, pero en vez de castigarlos con la pena de muerte que merecían, su castigo sería subir la montaña y bajar deslizándose sobre sus estómagos. Pero ofreció una posibilidad de indulto: cualquiera que decidiera “arrepentirse” de haber transgredido las reglas y admitiera que se había equivocado, sólo tenía que levantar la mano.

“No se levantó ni una sola mano”.

“Y así, cansados, empapados y hambrientos, los escuálidos judíos escalaron la montaña húmeda y resbaladiza. Cuando llegaron a la cima, les ordenaron deslizarse sobre sus estómagos. Cuando llegaron abajo, les ordenaron volver a formarse. Entonces les preguntaron si había alguien que quisiera arrepentirse y liberarse del suplicio. Las figuras cubiertas de barro y con ojos afiebrados miraron al oficial bien afeitado en silencioso desafío. Diez veces les hicieron repetir la humillante tarea, y cada vez lo hicieron con más determinación, cada vez con más fuerza”.

Esta historia parece responder mi pregunta sobre los judíos que toman una postura contra Israel y el pueblo judío en la actualidad. Y el final de la historia responde otra pregunta que algunos israelíes desesperanzados han comenzado a formular: ¿Quién ganará esta guerra? Este es el último párrafo de esta historia del Holocausto:

“Un joven oficial alemán de bajo rango se acercó al grupo donde estaban sentados Kalman y su hijo Itzjak y les dijo: ‘Yo no sé quién ganará esta guerra, pero hay algo de lo que estoy seguro: un pueblo como ustedes, una nación como la suya, nunca será derrotada, ¡nunca!'”.

Princesa, Hungría, La Carretera

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NOTA: IMÁGENES CORTESIA DE PIXABAY. ¡GRACIAS!

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